lunes, 24 de agosto de 2020

Reseña: Cecilia Valdés

 Villaverde, Cirilo. Cecilia Valdés. La Habana: Letras cubanas, 2003. 503 páginas. ISBN 9789591007063

Reseña: Jorge Klinger

Cecilia Valdés es una novela histórica, romántica, de época, de la tierra, esclavista, de la Independencia, ético-didáctica y muchos otros adjetivos que le podemos agregar una vez leída con sentido crítico.

Su autor, Cirilo Villaverde, quien fue un independentista comprometido supo plasmar en esta novela los usos y costumbres de la época, así como la decadencia social de la Cuba de comienzos del siglo XIX, siendo él contemporáneo de la narración.

Se trata posiblemente de la novela cubana más célebre en su rubro puesto que se han hecho adaptaciones de la misma para zarzuela, radio teatro, ballet, cine e incluso se realizaron versiones para niños en los formatos títere y dibujo animado.

Villaverde nos habla de la época en que Cuba permanecía bajo el dominio de España. La sociedad se corrompía con la ambición desmesurada, cuyos principales elementos eran la producción de azúcar y la mano de obra esclava, de ella dependía la economía de criollos hacendados y españoles de alcurnia.

La novela posee dos ejes temáticos bien definidos: el romanticismo y la esclavitud.

El hilo conductor de la novela es la historia de amor imposible entre un blanco acaudalado y una mulata. Esto la relaciona con obras más antiguas como Píramo y Tisbe de Las Metamorfosis de Ovidio o el poema La trágica historia de Romeo y Julieta de Arthur Brooke, que inmortalizara teatralmente William Shakespeare.

Cecilia Valdés, junto a Amalia del argentino José Mármol que describe un amor truncado por la violencia política y María del colombiano Jorge Isaacs quien relata el frustrado amor de dos adolescentes integran, a mi entender, la trilogía de las máximas obras románticas de las letras hispanoamericanas del siglo XIX.

En su novela, Villaverde describe un romanticismo realista en el contexto histórico colonial en el cual vivía, con sus profundas contradicciones sociales.

El personaje central femenino es Cecilia, hija natural de una esclava mulata, bellísima -según la describe Villaverde- al punto de ser llamada “Virgencita de Bronce”. Su piel era casi blanca y fue criada en la Real Casa Cuna de La Habana, de ahí que lleve el apellido Valdés como todos los niños que pasaban por la institución fundada por el Obispo Fray Gerónimo de Nosti y Valdés.

El personaje masculino del romance es el hijo de un criollo rico, blanco, adinerado y fiel a las costumbres de su sociedad, es decir, disfrutar la vida sin mucho esfuerzo, casarse con una mujer de su clase social y tener una amante mulata para su deleite.

Con estos dos personajes -a los que irá agregando otros-, Villaverde nos muestra las costumbres de la época, de su sociedad y de su moral. Esto hace que la obra pueda considerarse como novela costumbrista plena de realismo.

El otro eje por el que avanza la narración es la esclavitud, tema desarrollado en abundancia por muchos autores cubanos desde Silvestre de Balboa en el siglo XVII hasta Nicolás Guillén en el siglo XX.

El lugar de preminencia en la escala social de la isla era para los peninsulares, quienes ocupaban los cargos de administración o gobierno. 

El segundo lugar estaba reservado para los criollos prósperos.

En la base de la pirámide estaba la raza negra, cuya finalidad era ser mano de obra barata.

En medio, los mulatos, quienes pretendían ascender en su estado social cruzándose con blancos, pero la integración racial no era posible por dos motivos: las disposiciones de la Iglesia Católica y el innato racismo de españoles y criollos.

La discriminación social de la “civilización” se aplicaba también a los esclavos, quienes a su vez estaban divididos en tres categorías: 1) Los “bozales”, africanos recién llegados, que no conocían el idioma ni las costumbres y quienes sufrían los peores castigos, como modo de “aprendizaje”. 2) Los ladinos, que ya llevaban un tiempo aprendiendo las costumbres de sus amos, hablaban algo del nuevo idioma y recibían un trato menos violento. 3) Los cimarrones eran los esclavos que huían en busca de refugio en las sierras y fundaban allí sus comunidades. Los mulatos libres, como Cecilia, tenían un sentido de pertenencia indefinido, lo que aumentaba aún más sus contradicciones.

Entre ladinos y bozales también se establecía una forma de discriminación: los primeros recibían mejor trato que los segundos y Villaverde lo pone de manifiesto en su novela, como también la lucha de intereses entre peninsulares y criollos, donde unos traían consigo la alcurnia heredada y los otros la posesión de la tierra que habían adquirido y hacían producir con el sufrimiento de los esclavos, considerados menos que un simple objeto, los cuales para sobrevivir se vieron obligados a hablar el idioma de sus amos ya que el propio les estaba prohibido.

El autor refleja en la novela acertadamente cómo éstos adecuaron su lengua a la de sus apropiadores. Villaverde utiliza también con inteligencia arcaísmos españoles para darle verosimilitud al discurso.

Cecilia resulta ser una víctima más del conflicto socio político condicionado por los prejuicios raciales imperantes, puesto que la blancura de su piel no certificaba la pureza legal de su sangre. Leonardo, su enamorado y con quien tiene una hija, es su hermano por parte de padre y ellos no lo saben; el incesto inconsciente le suma dramatismo al conflicto. Él es un personaje frívolo, egoísta, no habituado al trabajo, lujurioso y sujeto a las normativas sociales de la época.

Los demás personajes son todos secundarios, destinados a presentar los conflictos que vivía la sociedad en su conjunto, incluso el mulato enamorado de Cecilia, José Pimienta, quien le da un giro insospechado al final de la novela.

El componente descriptivo de la narración se nota claramente en los relatos que hace de la Feria de la Merced en la Loma del Ángel, como así también las clases de José Agustín Govantes en el Colegio de San Carlos; también describe minuciosamente los bailes en la Sociedad Filarmónica, las comidas en casa de los Gamboa, el paseo por el Prado de la Habana y las moliendas de caña en los trapiches.

Las referencias históricas no faltan. Citaré a modo de ejemplo las menciones que Villaverde hace del Obispo Espada y Landa, del abogado Bermúdez, de los militares españoles que recalaron en la isla tras el fracaso de la expedición a México.

Finalmente queda el tema del mito. ¿Existió Cecilia Valdés? ¿Fue un personaje de ficción? ¿Es el arquetipo de mujer cubana? Lo cierto es que, en La Habana, frente al atrio de la Iglesia del Santo Ángel Custodio desde 2014 se yergue una estatua que la recuerda y en el Cementerio de Colón, donde se encuentran los restos de Cirilo Villaverde, a pocos metros hay una tumba que lleva el nombre de “La Virgen de Bronce”, como la llamaba el autor.

 

sábado, 22 de agosto de 2020

Einsten-Rossen

 

Entramos en un “agujero de gusano” y la oscuridad envuelve la nave; me zumban los oídos y me hundo en el respaldo empujado por la fuerza de la aceleración. La navegación es en modo automático ya que viajamos a la velocidad de la luz y por lo tanto nada vemos. Los científicos que diseñaron la nave confían plenamente en el escudo electrostático que nos protege de las partículas neutrónicas que flotan libremente en el híper espacio.

Algo no está bien. Veníamos desacelerando, lo cual significa haber llegado al final del salto, ¡pero vuelvo a experimentar los efectos de la aceleración!

¡Ahora sí, después de una nueva des aceleración la luz llega a mis ojos! Parpadeo varias veces, trato de enfocar mi visión y ahí me doy cuenta que me pasé de estación. Mascullo un exabrupto, levanto el libro de Asimov que venía leyendo y de un salto alcanzo a salir justo cuando las puertas del subte comienzan a cerrarse.

Ternas y trilogías   ISBN 978-987-28908-5-8


miércoles, 19 de agosto de 2020

Cosa de indios

 La reunión se desarrolla en calma en una de las islas del Delta del Paraná. Guaraníes y españoles sentados en torno al fuego. La noche se engalana con una luna grandota. Sapos, grillos y mosquitos completan el conjunto.

El fraile expone en castellano lo que el lenguaraz traduce al ava ñe’ê (lengua que hablaban los Guaraníes) para que sus congéneres entiendan. Los tapes demuestran prestar mucha atención a lo que se les explica. Sus rostros permanecen serios; solamente de tanto en tanto alegran sus caras redondas con una sonrisa. No interrumpen en ningún momento la exposición.

El sacerdote busca oraciones sencillas para hacerse entender, pero a medida que les va hablando, se entusiasma más y más con sus propias palabras. Les habla de Dios Todopoderoso, de la Creación, del Paraíso perdido, del sacrificio de Jesucristo en la cruz, del Papa, del Rey y de su misión, la suya, en estas tierras. Misión que no es otra que llevarlos a ellos, los nativos, al conocimiento de la ¡Verdad! ¡Porque sólo así podrán ellos vivir eternamente en las moradas celestiales de Dios el Padre cuando en el fin de los tiempos Dios el Hijo venga a buscarlos!

Cuando termina su alocución, tanta es su exaltación que le parece estar a las puertas de la Nueva Jerusalén conduciendo su pequeño rebaño a las moradas celestiales. Entonces el cacique se pone de pié y en su lengua le dice:

     — Yo, Araverá, de los Mbeguá canoeros, voy a hablar ahora: igual que mi padre y el padre de mi padre, moramos en estas islas. Mis ancestros vinieron hasta acá, donde el río se vuelve ancho como el mar. Y los Karaí que nos condujeron, nos enseñaron que Ñanderuvusú, el dios supremo, se creó a sí mismo en medio del caos y las tinieblas. Creció erguido como los árboles. Después creó la palabra. Cuando estuvo satisfecho, creó otros dioses para que le ayudaran: Karaí, señor del sol y del fuego; Jakairá, señor de la bruma y del humo de la pipa que inspira a los chamanes; y Tupá, señor de las aguas y del mar. Los cuatro compañeros procedieron entonces a la creación de la Tierra Primera (Yvy Tenonde ). Junto a esta tierra crearon el mar, y también el día y la noche. Después, Ñanderuvusú creó a los hombres y les insufló en la coronilla la palabra, para que vivieran de acuerdo con la naturaleza. Allí los hombres convivían con los dioses, no había enfermedades y no faltaba nunca el alimento. Pero un día, un hombre transgredió el tabú de copular con la hermana de su padre. Los dioses entonces castigaron a la Tierra Primera derramando sobre ella tánta agua que tapó las copas de los árboles más altos y se marcharon a vivir a la “Morada Eterna”. Pero Ñanderuvusú decidió crear una segunda tierra, imperfecta, y así los sobrevivientes del diluvio pasaron a habitar esta tierra donde ahora existe la enfermedad, el dolor y el sufrimiento. También nos dejó la promesa que un día enviará a su mensajero Guira Poty para guiarnos hasta la Tierra sin Mal, la Morada Eterna. Él vendrá un día, como ustedes vinieron, por el Gran Mar, desde donde soplan los fríos vientos originarios.

El rostro del sacerdote estaba lívido. El asombro se había adueñado completamente de él. Quería hablar pero su boca no lograba articular ningún sonido.

Entonces Araverá exclamó: “jahá” y los indios, como un solo hombre, dieron media vuelta y de un salto se perdieron en la espesura…

Ternas y trilogías     ISBN 978-987-28908-5-8

lunes, 17 de agosto de 2020

Reseña: Mis apegos

 

Vergara, Lucía Nelly. Mis apegos. Villa Dolores: Edición de autor, 2018. Cien páginas. ISBN 978-987-42-8198-2

Reseña de Jorge Klinger.

El prologuista de Mis apegos -Miguel Ángel Ortiz- vertió entre otras muchas las siguientes calificaciones con las que quiero comenzar esta breve reseña:

“Una mujer y la tierra son un almácigo de seres y sueños… Una mujer escribe su mundo… La mujer y su tierra, tan fértiles, que las flores y los versos nos premian, como los días”.

          Tomo estas apreciaciones a manera de introducción puesto que Lucía Nelly Vergara nos brinda en este libro una selección de versos donde encontraremos vigente la función poética o estética del lenguaje. Esta presencia logra que el lector realice un alto en su camino tras las letras para apreciar todo lo que el poema le quiere decir. Esto sucede en una suerte de dimensión atemporal, donde el lapso de la lectura parece no transcurrir; entonces, él puede así contemplar hoy lo que la autora observara o viviese en el pasado.

     “El poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre” escribió Octavio Paz, y Lucía suelta sus letras sin rigideces de rima y métrica declarando,en "Palabras preliminares", que “Mis apegos es una síntesis de mi sentir, de mi vivir, de mi existencia en este mundo”. Esto se debe a que toda exposición literaria destaca la subjetividad propia del autor, así como la visión que él tiene del mundo.

      Los poemas de Lucía Vergara son totalmente descriptivos y su discurso se desarrolla utilizando palabras claras y sencillas, de manera tal que la concatenación de versos le brinda una gran belleza al texto.

      Ella le escribe a la lluvia, al tiempo, a las horas, las ausencias, el amor; a los trenes, al poeta, a las plantas. En cada página nos brinda una visión optimista, de esperanza. Cuando habla de las palabras afirma que “tienen magia”, “son soles que alumbran los silencios”, “ecos de antiguas voces”. Se siente la necesidad de leer y releer hasta saturarse de la poesía que nos brindan estos poemas.

    No falta el homenaje sentido a Malvinas, escrito a mi entender, con palabras sanadoras.

“La poesía existirá mientras exista el problema de la vida y de la muerte. El don de arte es un don superior que permite entrar en lo desconocido de antes y en lo ignorado de después, en el ambiente del ensueño o de la meditación.” Esta cita de Rubén Darío se aplica correctamente a Mis apegos, el nuevo poemario de Lucía Nelly Vergara, que merece una lectura sin apuro y con deleite.

 

viernes, 14 de agosto de 2020

Crónicas de Avellaneda

10 de Julio de 1928.

Barracas al sur. Vieja pulpería devenida en fonda sobre el Camino del Sur. Cuatro parroquianos beben ginebra en la mesa del fondo. Dos taitas con chambergo requintado, pañuelo al cuello, cuchillo en la cintura y dos corraleros de alpargata y boina vasca.

    —¡A ver muchachos! ¿Pa’ qué nos llamaron?

    El mayor de los corraleros empina su copa y responde:

    —Hermano, la mano viene brava en los frigoríficos. Nos están amasijando con el laburo y no nos dan pelota         cuando protestamos.

    —¿Y eso en qué la vá conmigo? Nosotros manejamos el cuchillo; los dotores son los que manejan la                 política.

    —Sí, pero necesitamos que alguien nos dé una mano. Por eso pensamos que ustedes…

    —Nosotros, ¿qué? Ya te lo dijo el Cirilo. Nosotros ‘tamos pa’l cuchillo pero pa’ despostar gente.

Termina su trago y vuelve a volcar el porrón en las copas. Se miran los corraleros; el más joven se quita la boina, la estruja nerviosamente mientras mira a los taitas.

    —Si ustedes, como al descuido, pudieran hablar con los dotores y decirles que van a ganar más guita si nos         aflojan un poco.

    —¿Y cómo es eso?

    —Y… con algunas mejoras a convenir, trabajaríamos más tranquilos y rendiríamos más.

    —Yo no trabajo pa’l viejo Gastón, pero mi trompa, sí. ¿Vos qué opinas, Cirilo?

    —Podría ser… El dotor es gente de Barceló, en una de’sas…

De pronto, el silencio. Los taitas contienen la respiración. Las manos vuelan a los cuchillos. De una mesa cercana surgen disparos.

26 de Junio de 1806

Pueblo de la Reducción. Pulpería sobre el Camino del Sur. Un grupo de oficiales ingleses acorta la noche bebiendo su propio “scotch”. Las pistolas sobre la mesa.

    —Afortunadamente Ensigh tuvo la buena idea de traer consigo un par de botellas de buena bebida, porque         lo que beben aquí es muy desagradable.

El pulpero los mira indignado, pero nada puede hacer. Le permiten cuidar su negocio, pero lo han desarmado. Ellos son los vencedores, al menos por ahora, e imponen las condiciones.

    —No entiendo porqué no atacamos. Estamos haciendo lo mismo que hicieron ellos ayer. ¿Esperamos que             Carr se decida?

    —No, no, Duff, esperamos que lleguen los cañones que quedaron empantanados en aquel maldito bañado         donde desembarcamos. La idea es ocupar la ciudad sin bajas. Para eso están los “shrapnels”.

    —Jajaja… Vaya susto que se llevaron los españoles cuando la metralla estalló sobre sus cabezas. Jajaja…

    —¡Sí! Pudimos trepar la cuesta con la 71 al son de las gaitas sin sobresaltos. Ahora, ¿no había otro lugar             mejor para el desembarco?

    —Denis, Denis, tu siempre te quejas. El hecho es que desembarcamos bajo la lluvia, nos aterimos de frío             toda la noche, cruzamos un bañado con agua hasta las rodillas, subimos el barranco, caminamos nueve            millas y aquí estamos disfrutando de un buen “Scotch”, jajaja…

    —¡Y tú siempre te ríes! Pero los cañones quedaron empantanados y por si eso fuera poco, los españoles             quemaron el puente.

    —¿Crees tú acaso que ese riacho será un obstáculo para nosotros? Yo te aseguro que no lo será. Además,         los cañones ya vienen en camino. Un par de disparos de metralla es igual a una fuga en desbandada,                jajaja…

    —Tienes razón Ensigh, ¡nada detendrá a la 71! Mañana al mediodía sin lugar a dudas las bellas españolas             nos invitarán a almorzar con ellas. ¡Por las Damas que nos esperan! ¡Salud!

    —¡Salud!

De pronto, hay movimientos extraños en el fondo de la pulpería. Los ingleses empuñan las armas y sin dudar, disparan…

 14 de mayo de 1966

Los diarios consignan que en el día de ayer, por causas que se desconocen, hubo un tiroteo dentro de la Confitería La Real de la ciudad de Avellaneda, cita en la Avenida Mitre frente a la Plaza Alsina. Como resultado del confuso hecho que se encuentra en plena etapa de investigación, resultaron muertos los ciudadanos identificados como Domingo Blajaquis, Juan Zalazar y Rosendo García; los tres eran reconocidos activistas sindicales en el distrito.

De mi libro Ternas y trilogías. ISBN 978-987-28908-5-8

martes, 11 de agosto de 2020

Reseña: Morenos

 Braulio Senda, Morenos. Temperley: Brause 2017. 120 páginas.

ISBN 978-987- 28908- 9-6.

 Reseña: Prof. Lucia Nelly Vergara

Algunos recuerdos de los Morenos

             Braulio Senda, en su corta novela histórica, romántica, nos ubica en el siglo XIX, plena época del gobierno de Juan Manuel de Rosas con su Mazorca que hacían desmanes. La situación por 1852 le era adversa. Se puede decir que este siglo en el que se sitúa la obra del autor, es de mucha convulsión política y social en la República Argentina. Las traiciones, las deslealtades están a la orden del día. Los hombres cambian de bando de la noche a la mañana. Familias completas sufren el desarraigo, porque deben ir mudándose de lugar en lugar buscando paz, tranquilidad y trabajo que era escaso. Las invasiones extranjeras y los malones de los indios crean más incertidumbre y pavor en la población.

La familia protagonista de la obra compuesta por Cirilo, padre, Clarita, madre, (descendientes de negros) y Rosendo, hijo, planifican dejar la estancia “Los Cerrillos” para ir con los indios ya que son amigos del cacique Mariano Rosas. Hay mucha tristeza por el desarraigo, sentimiento fuerte común en las personas que lo dejan todo para emigrar a otro lugar. Los recuerdos sobre batallas, leyendas, payadas, despedida de amigos, abundan y el autor tiene esa capacidad de hacer que el lector se involucre y empatice con los personajes de la obra. Mientras tanto el Ejército Grande (argentinos, brasileros y uruguayos) al mando de Justo José de Urquiza avanza sobre Buenos Aires, los franceses en 1839 se adueñan del Río de la Plata, el Pardejón (Gral. Fructuoso Rivera de la Banda Oriental) continúa con sus luchas, Don José Gervasio de Artigas se exilia en el Paraguay, la Banda Oriental tiene nuevo nombre: Uruguay, la fuga de Montevideo del 12 con el batallón de Pardos y Morenos, el combate de Las Piedras, el sitio de la ciudad (de 1842 al 1852).

Cuando la mudanza se concreta, la nostalgia se hace más nítida y los protagonistas hablan de su condición de esclavos en el pasado, cómo llegaron a la estancia, se casaron, y fueron transcurriendo los años con todo un cúmulo de experiencias vividas. La paz con los indios en la frontera se mantiene por medio de la amistad.

La curiosidad del hijo, Rosendo, sobre sus ancestros africanos es satisfecha por ambos progenitores. Los relatos se suceden y el lector puede conocer cómo trataban a los negros en esos tiempos.

El autor con toda sencillez nos introduce escenas de tratos, de arreglos entre los indios y los negros de esa época. A través de él, sabemos que los blancos son permanentemente observados, los querandíes siembran la tierra para comer, Sayhueque, en el lejano sur, Calfucurá, en Salinas Grandes, aliado con Catriel y Cachul temen a las armas de fuego. Cirilo hoy, después de mucho batallar tiene su propia filosofía: “si hay que comenzar de nuevo se comienza ¡y listo!” (90).

En el año 1861, Derqui es el Presidente de la Confederación Argentina. Mitre, jefe de los porteños.

Pese a las guerras el país progresa, avanza.

En 1862 Mitre ya es presidente y los federales proscriptos.

En 1878 Nicolás Avellaneda es presidente y defiende la soberanía argentina al sur de Santa Cruz.

La vida transcurre y los nacimientos también. Un abuelo amoroso, con una niña en sus brazos pronuncia dulces palabras en su lengua africana y luego canta una canción llena de amor. Es un canto también a la vida y a la esperanza.

El autor de la obra describe con habilidad todas las bondades tanto de los criollos como de la comunidad negra, que rápido se adaptan a cualquier circunstancia y saben sobrellevar con mucho coraje y valentía los sufrimientos, las tristezas y los padecimientos.

Creo que Braulio Senda, va tejiendo cuidadosamente en cada capítulo el interés del lector. Hábilmente hace que se involucre en la vida de sus personajes con la compasión propia de cualquier  ser humano y hace que valore a todos ellos que de una manera u otra han contribuido al engrandecimiento de la Patria. 


sábado, 1 de agosto de 2020

Noche de luna

        ¡Qué linda está la luna! ¡Parece un queso colgado del cielo! Y las estrellas… ¡cuántas estrellas se ven desde aquí! Yo nunca había mirado el cielo así, tirado en el pasto… ¡Qué lindo parece todo! ¡Huy, si lo viera el Manguera!

        Manguera… ¿Cuánto hace que no lo veo al "Manguera"? ¡Un tocaso de tiempo! ¿Qué será de la vida del flaco? Éramos una buena yunta pa’l laburo; lástima que se rayó mal conmigo. ¡Pero yo no tuve la culpa, la culpa fue de él!

        ¡Oia! ¡Esa nube parece cortar el queso de la luna! Pero no, no la cortó. ¡Qué linda luna, ché! Linda la hacíamos con el "Manguera"… Subíamos al tren en Liniers o en Once, pero no a la mañana temprano, porque necesitábamos algo de espacio más que nada pa’ rajar si alguno se avivaba. Buscábamos una piba joven y el "Manguera" iba y la apoyaba, jajaja… La minita se ponía nerviosa y tratando de zafar se movía histeriqueando y descuidaba la cartera; entonces yo a garfio y yilé, le fanaba la billetera y nos bajábamos en la primer estación. ¡Qué vidurria nos dábamos!

        ¡Qué ardor tengo en el estómago! ¡Vieja… vieja…! ¿Dónde anda mi vieja? ¡Maaa… mami… necesito un matecito de manzanilla de esos que vos sabés hacer! Dale… hacemeló… no seas mala… Maaa… ¿no lo viste a Manguera por el rioba? ¡Hace rato no lo veo!

        ¡Qué loco el "Manguera"! ¡Cómo se metejonió con aquella mina! Fue el día que subimos al Sarmiento como siempre, atrás de una morochita con calzas tipo piel de tigre y zapatos de plataforma y tacos altos como se usan ahora. ¡Ajustadísimas las calzas! ¡Se le notaba la tanguita! ¡Y qué cola, por Dios! Jaja… Manguera las llama “come trapo” a esas colas. ¡Y tiene razón el chabón! La joda fue cuando el Manguera la apoyó, como siempre, porque la minita no se puso nerviosa. Lo miró al flaco por encima del hombro y parece que le gustó la facha porque en vez de separarse empezó a moverse despacito, despacito, para adelante y para atrás, o levantando y bajado la cola. ¡Lo empezó a franelear al punto! Y al flaco le gustó; pero no soltaba la cartera y yo no podía meter los dátiles. La joda fue cuando la cara del "Manga" me avisó que las cinco mil hormigas lo estaban caminando. En la estación Flores lo empujé, ¡qué digo!, lo saqué en andas al vago antes de que se pudriera todo. ¡Y el bolú se enojó conmigo! Me quiso trompiar pero yo rajé. Después de eso no me quiso ni mirar más. Y terminé laburando solo, porque no tengo mas amigos.

        ¡Máaa! ¿Para cuándo la manzanilla? ¡Mirá que parece que tengo un fuego en las tripas! ¡Dále… metele! Vieja, ¿viste los botones de los que te hablé? Aquellos que me engancharon una tarde en Once tirando un monedero y que para no encanarme les tenía que dar a ellos los documentos y las tarjetas. No querían guita; para mí que se mandaban algunas buenas transfugueadas con los plásticos. Bueno, ahora no se conforman con eso. Quieren que venda paco para ellos. Pero yo te prometí a vos que no me iba a meter con la merca; ¡y menos con esa! Lo decidí cuando la "Lechuga", la prima del "Tortugo", se tiró del tanque de agua del barrio ¡porque decía que era una golondrina! ¿Te acordás, no? ¿Y el "Tito"? ¿Te acordás del "Tito"? El que dicen que se ahorcó en la taquería con los cordones de las zapatillas. ¡Qué se va a ahorcar, si lo primero que te sacan para enjaularte son los cordones y el cinturón! Ése le daba al paco. Para mí que se quedó con merca que no pagó y por eso lo boletearon. No me dejan punguear tranquilo; donde me encuentran me sacuden. Me quieren ablandar, pero yo no les voy a dar el gusto. ¡Por vos, vieja! ¿Sabés?

        ¡Uhhh… se escondió la luna! ¡Qué silencio! Me fumaría un finito antes de dormir… ¡Los finitos que armaba el "Manguera" eran sensacionales! ¿Dónde andará ese flaco loco? ¡Vieja… creo que me voy a dormir sin la manzanilla! Pero tengo mucho frío. Traeme una frazada que voy a dormir un rato acá…

        Diario de la mañana. Noticias policiales dan cuenta que ayer a última hora de la tarde, ante la denuncia de un vagabundo, se inspeccionó un sector de la Reserva Ecológica de la C.A.B.A., en donde se encontró el cadáver de un masculino, como de 20 años, con dos balazos en el vientre. La muerte data de por lo menos dos días. Policía científica investiga...

De mi libro Ternas y trilogías. ISBN 978-987-28908-5-8